Desde la primera vez que vine a la India, en el 2003, siempre quise conocer este pueblito francés que está en medio del estado de Tamil Nadu y del que todo mundo hablaba siempre tan bien.

Por fin me tocó conocerlo, y todo por una chiripada. Una amiga mía, Laura, que estaba a punto de dejar la India, quería vender su motoneta y yo se la compré, y el día que vino a dejarmela, me dijo de pasada que ese fin de semana se iba a Pondicherry. Por supuesto que no quise perderme la oportunidad de ir. Porque estamos de acuerdo que para viajar, es mejor con alguien conocido, y en ese momento yo no tenía nadie con quien poder hacer un viaje así, relámpago, de fin de semana y sin tanta planeación. Bueno, ningún tipo de viaje, en realidad. Así que me acomodé en el plan de Laura, y me fui con ella y otros amigos que hacía años que no veía. Ella compró mi boleto y me dijo de donde saldría nuestro autobus, y allá fui, el viernes a las 10pm (cosa que jamás había hecho) en un rickshaw, de MG Road, al City Market, que en Monterrey sería como del Barrio Antiguo, a la Central de Autobuses en Colón. Pero, ¿qué demonios? Si mi propósito es vivir, pues lo primero que se debe ir es el miedo, ¿que no? Por cierto, la motoneta no la he usado... aun después de dos meses de tenerla ahí en el estacionamiento de mi edificio. Pero ya será material para otro post.

La verdad es que en Pondy me divertí mucho. Llegamos a las 6am y nos reunimos con un segundo grupo de amigos de los amigos con los que ibamos, y juntos contratamos unos tres rickshaws para ir a buscar cuartos en algún hotel o casa de huéspedes que estuviera más céntrica. Lo primero que me llamó la atención del centro fue que estaba limpio. Por un momento, pude olvidar que estaba en la India, y vi calles limpias con banquetas completas!!

Y bueno, después de buscar por un buen rato en varios lugares, encontramos un lugarcito bien mono en una casa de huéspedes, que se sentía más como una casa de muestra para rentar o algo así. Nos rentaron una casa completa de dos recámaras por una noche y casi todo un día. Teníamos una cocina para nosotras solas y dos baños completos... ¿qué más se podía pedir?

Esa misma tarde, luego de una ducha rápida y una pestañeada, fuimos a desayunar y ahí nos encontramos a dos de las chicas que venían en nuestro grupo y que nosotras aún no conocíamos, y nos cayeron muy bien. Bien aliviandas y muy dulces las dos! Y luego nos fuimos con otro par de amigos a conseguir unas motonetas para andar ahí en Pondy sin tener que lidiar con ricksheros. Yo, que ahora soy dueña de una linda motoneta, aproveché la ocasión para irme a practicar la manejada al siguiente día, y la verdad que ya no quería soltarla!... En la motoneta nos fuimos un poco a las afueras de Pondy para ver mueblerias antiguas. Todo estaba hermoso, pero carísimo! Al menos para mi presupuesto de estudiante foranea... En esas mueblerias, vimos unas esculturas de animales, todos con su respectiva representación fálica muy bien puesta.

Otra cosa que me llamó la atención de Pondy fue el francés... porque por supuesto, ahí ellos eran los hablantes nativos. En la casa donde nos hospedamos, Le Reve Bleu, creo que se llamaba, el dueño no hablaba inglés, solo francés y tamil. Así que tuve que hacer uso del tartamudeo que tengo por francés para entender que quería entrar a la casa a checar la conexión de la tele y para decirle de donde soy y por cuanto tiempo estaríamos ahí... eso estuvo bien chido... aunque batallara al principio... pero me da la impresión de que si lo practico un par de días más, puedo hablarlo fluidamente. :)

La vida nocturna en Pondy está bien chida. ¿O será que cualquier otra ciudad que no sea del estado de Karnataka tiene vida nocturna normal? :P Será el sereno... pero el caso es que las dos noches que estuvimos ahí, fuimos a un barecito coquetón, cuyo nombre no recuerdo -por supuesto-, pero que estaba siempre lleno de extranjeros. Bueno, como todo en Pondicherry.

El domingo, fuimos a desayunar un panecillo y una malteada a un café muy mono que está junto al mar. Y luego de ir a visitar un templo donde lo único que hicimos fue quedarnos viendo al elefante que estaba afuera, fuimos a un mercadito callejero donde vendían ropa "ligera", de esa que no se puede usar en la India, y ahí me compré una falda, dos blusas y un vestido de tirantes que supongo que jamás podré usar aquí, pero que me encantó. Luego de regreso al malecón, y antes de tener que ir a entregar las motos, fuimos a comer a un hotel de cinco estrellas -o por lo menos cuatro, ¿me lo creen?- donde tenían un brunch delicioso. Por supuesto, lo que más comí yo de ese buffet, fueron los postres.

Después de eso, y a petición de mi adorado cielito, fuimos en busca de licor, porque al parecer en Pondy es más barato que en Bangalore, y te dejan traer dos botellas en el camino. Pero no encontramos un lugar donde comprarlo, y terminamos yendo a un lugar medio sospechoso a donde nos mandaron unos tipos en la calle. Fuimos al lugar ese, que parecía ser un hotel o un bar, o un restaurante, o todo combinado. Un tipo nos hizo pasar a una salita medio oscura, y nos pidió esperar ahí. No supimos cómo explicar que sólo queríamos licor para llevar, y que no queríamos tomar ahí, pero de alguna manera nos dimos a entender, principalmente porque Laura sabe algo de hindi, y como pudo les dijo... pero cuando ya se nos hizo muy sospechoso, fue cuando nos trajeron una lista del licor que tenían disponible, nos dieron unos precios que sonaban muy parecidos a los de Bangalore y nos pidieron pasar a otra oficina dentro de esa salita, aun mas pequeña, y más oscura. Entonces, hicimos nuestra graciosa huida. Les dimos las "gracias, pero no, gracias" y nos fuimos lo mas rápido que pudimos. De ahi nos fuimos a una tienda un poco más grande que un Seven Eleven, y compramos queso, jamón y mayonesa, para prepararnos unas tortas bien ricas con un pan francés que habíamos comprado luego de ir al mercado. Y con nuestras tortas enmochiladas, y después de una buena ducha, salimos de nuevo, a vernos con el resto del grupo en el barecito coquetón, para hacer el viaje juntos nuevamente a la estación del autobus que nos llevaría de regreso a Bangalore.

Llegamos a Bangalore cuando todavía estaba oscuro, y rechazamos a cuanto rickshero nos preguntaba si queríamos un rickshaw. Esperamos un rato a ver si veíamos algún autobus que nos trajera a Indiranagar, pero luego de una media hora, nos rendimos y finalmente tomamos el rickshaw a la casa. Al menos la tarifa fue justa y no tuvimos que pagar de más, como por lo regular pasa en esos casos.