Mi vida anterior a este nuevo capítulo, era como de un fantasma. Nunca viajaba a ningún lado. Rara vez comía en restaurantes de comida occidental, y cada vez que iba al cine -sola, por supuesto- me sentía culpable de divertirme tanto. Estuve trabajando sobre la idea de tener algo de experiencia "valiosa" para poder regresar a Monterrey y tener una esperanza de conseguir un trabajo decente, así que me puse a estudiar un curso tan aburrido que me dormía durante las clases, cuando no me iba de pinta al cine que estaba cerca.

Luego de varios meses de picada, y de no saber como salir de ese astío y pensar en ideas extremas, por fin llegó el final de una historia que todos habían dado por perdida, menos yo. Como siempre, la última en darme cuenta. Tengo que admitir que pasé muy malos ratos durante ese período de transición, pero como buena mamba negra que soy, salí airosa con mi nueva piel. Fue algo así como un episodio de boxeo, donde salí con unos cuantos moretones, pero satisfecha de poder levantar los brazos al final del round -con un peso menos encima-, sin importarme mostrar la sonrisa chimuela. Ya se me había pasado, desde hacía mucho tiempo, la hora de tirar la toalla.

Despues de mi último viaje a México en Febrero, luego de haber revivido y afianzado mi positivismo y entusiasmo por la vida, regresé a Bangalore con la determinación de visitar todos los lugares que a lo largo de tres años de vida fantasma no me atreví a conocer y que todo extranjero de respeto que pasa por estas tierras debe conocer. Además, me di cuenta de que en realidad amo mi trabajo, y de que me gustaría poder hacer esto toda mi vida. Lo cierto es que aun no me hago a la idea de hacerlo aquí, pero sigo ideando planes para un día poder irme, sin dejar de hacer lo que hago aquí.

Por el momento, me propongo aprender de nuevo lo que es la vida como una persona normal: una persona que vive, que se quiere, que viaja... que sonrie.