Mi viaje a Mysore tampoco fue algo planeado. Resulta que unas amigas de mi amiga Annika vinieron a visitar la India y decidieron hacer un pequeño viaje antes de regresar a Estonia, a principios de Agosto, y pues como rentaron una van para eso, pues tenían un asiento extra y así me invitó Annika. Al principio como que tenía mis dudas porque creí que sería todo en estonio y que me iba a sentir toda ajena al cuadro. Pero luego decidí que si no era así, tal vez no tendría otra oportunidad de ir pronto, y como no tenía grandes planes para ese finde, pues me fui con ellas.
Mysore es una de las ciudades más importantes del estado de Karnataka. La segunda más grande, después de Bangalore, y es considerada algo así como la capital cultural del Estado por el papel que tiene en la historia.
La salida era el sábado a las 7am. Yo, que no estoy acostumbrada a levantarme tan temprano, por supuesto, me quedé dormida y llegué tarde al punto de reunión, cosa que le caga a Annika, pero que se aguanta estoicamente. Y bueno, el camino a Mysore desde Bangalore es sólo de 3 horas, pero ellas tenían el plan de detenerse en el camino, no solo a comer, sino a visitar algún otro lugar de interés que pudiera haber antes de llegar a Mysore.
La primera parada fue en un río. Era como un espacio para picnic familiar, junto a un río, pero nadie estaba nadando en el río. La atracción principal era un paseo en unas lanchitas redondas, que me parece se llaman coracles, y por supuesto que teníamos que treparnos a una y dar unas vueltas por el río. Y no hablo de vueltas en sentido figurado, porque de hecho, al parecer eso es lo que la mayoría de los turistas quieren cuando van ahí: unas vueltecitas tipo las tacitas de las ferias... Estuvo chido, pero me pareció algo caro. ¿50 rupias por persona por 5 minutos? ¿Será mi vena regia? ¿O será que ya soy más india y pienso en rupias? ¡Pero es que 50 rupias son como 12 pesos! ¡Es un descaro!
La siguiente parada fue un panteón al que llaman Gumbaz. Ya sé que puede sonar descabellado, pero la neta el lugar no estaba tan mal. Era más bien un jardin enorme con algunas tumbas bajo los árboles aquí y allá. Y había un mausoleo grande, donde descansan los restos del tal Tippu Sultan y su padre, o su esposa, no sé muy bien. Ahí fue donde por fin le pude comprar pilas a mi cámara y empezar a tomar fotos.
Luego del panteón ese, fuimos a un palacio, que no pudimos ver porque nos cobraban tarifa de extranjero y era exageradamente cara. Eso de la tarifa de extranjero es una verdadera mentada de madre. En los lugares más turísticos, que llaman más la atención o que tienen fama entre la comunidad extranjera -ya sea porque están en el Lonely Planet o algún libro de esos o porque se corre la voz de que esta chido-, por lo regular tienen dos tairfas: la de los indios, que por lo regular es una cuota ridicula como 20 rupias o algo así, y la de los extranjeros, que por lo regular es exorbitantemente más cara. En este caso, era 5 veces más cara. Pero en el Taj Mahal la diferencia es abismal: ¡25 para los indios, 750 para los extranjeros! Pero bueno, hay un lado bueno en todo esto. A eso voy. El caso es que salimos de ahí sin siquiera haber visto el dichoso palacio.
Después de eso fuimos a un templo, donde tomamos unas pocas fotos, pero nadie entró, y luego a un parque botánico cuyo nombre no recuerdo, pero que la verdad estuvo medio aburrido porque sólo era cuestión de recorrer un camino lleno de árboles, llegar a un punto donde ya no podíamos pasar y regresar por donde vinimos. Tomé unas cuantas fotos de cosillas que me llamaron la atención como un arbusto que estoy segura fue moldeado en forma de corazón, pero que resultó pareciendo un enorme pacman. :P
De ahí ya nos fuimos directo a Mysore. La primera y única parada antes del hotel: Chamundi Hills y el templo del toro. Chamundi Hills es más bien como un mirador. Había un templo en la cima, al que le tomé muchas fotos y muchos animales -en especial simios- alrededor del templo, a los que no les tomé tantas como hubiera querido. De regreso hacia abajo, nos tomamos algunas fotos en el mirador, y nos detuvimos en el templo del toro. Todas las estonias se metieron en el templo a ser bendecidas, para lo que tuvieron que comprar unas ofrendas de flores y frutas de 80 rupias cada una, que las hacían merecedoras de un punto de polvo rojo en la frente. A mí eso de las bendecidas la verdad no me entusiasma tanto, y yo me quedé afuera esperándolas mientras se dejaba venir una lluvia más o menos pesada. Y bueno, finalmente fue la lluvia quien las hizo regresar super pronto, y nos fuimos de ahí sin mojarnos gran cosa.
Próxima parada: Brindavan Gardens. La mayor atracción del lugar era una fuente musical, cuyo show empezaba a las 7pm. El lugar estaba que no cabía un alma para ese punto, así que decidimos no quedarnos al show e irnos en ese momento. Pero los eventos importantes de ese paseo fueron 1) que fuimos seguidas casi todo el tiempo por un acosador que al final sólo le pidió el teléfono a una de las amigas de Annika, y se esfumó tras la negativa; y 2) que mucha gente se acercaba a pedirnos posar con ellos para sacarse una foto. A Annika hasta le dieron un bebé a cargar para la foto, y el bebé se le hizo popó mientras lo tenía en los brazos. Por suerte, se veía que esos indios eran de las nuevas generaciones, y el bebé traía un pañal puesto!
Luego de eso anduvimos dando vueltas un rato hasta encontrar un hotel más o menos decente, y finalmente encontramos uno bueno, no tan feo y barato. Ahí, después de refrescarnos un poco, fuimos a preguntarle al recepcionista si podíamos conseguir licor en algún lado cerca, y el señor, muy servicial, nos informó que ellos mismos nos podían llevar cualquier licor que quisieramos a nuestro cuarto. Y así decidimos ordenar pizza y coca-colas, un par de cervezas y una botellita de ron. Las cervezas resultaron ser de las pesadas y Annika por supuesto no necesitó más que un trago para decidir que no quería y yo apenas me tomé la mitad de una. Sus amigas se tomaron el ron y después de un buen chal, cada quien a sus cuartos a dormir.
La mañana siguiente Annika se despertó con un ojo cucho. Al parecer le picó un bicho en la cama, y parecía que se acababa de agarrar a trancazos con algún boxeador bien perro. Entonces, con todo el pánico de ella, tuvimos que ir a un hospital a que consultara para que la calmaran, porque a pesar de que no le dolía nada, yo creo que no estaba dispuesta a salir así sin darle pelea. De ahí nos fuimos a comer, y luego al zoológico, que es una de las atracciones principales de Mysore.
El zoológico es enorme. Tiene un recorrido establecido de 2.9Km, y los animales en su mayoría están al aire libre, en espacios separados por una especie de canalitos que rodean sus áreas. Algo de lo que me arrepiento es de no haber tomado fotos de las advertencias del zoológico. Aunque busqué fotos en Google, y encontré esto, y esto. En realidad no era lo que tenía en mente porque lo que más me llamó la atención de esas advertencias, eran los dibujos, más que los mensajes, que en pocas palabras podrían interpretarse como: "Si te sientas en el riel que te separa de los animales, te pudes caer, y el animal te puede morder una axila, y aunque tengas una axila sangrante, te vamos a llevar a la cárcel." :P
Después del zoo, fuimos al palacio, que es la atracción principal de Mysore y la que de verdad vale más la pena. Ahí nos dijeron al llegar que la cuota para los indios era de 20 rupias, y para los extranjeros era de 200. Preguntamos si podríamos pagar tarifa de indio porque vivimos aquí, y tenemos nuestra tarjeta de contribuyentes y todo, y primero nos dijeron que sí, que sólo teníamos que coseguir un permiso del director, y que seguro que nos dejaban pagar menos a Annika y a mi. Pero claro que el director ni siquiera nos escuchó. Al vernos nos dijo que un extranjero es extranjero, que no importa donde viva, nosotras no somos indias, y no tenemos derecho a tarifa preferencial. En ese momento yo pensé "bueno, pues se ve bonito desde afuera, con eso tengo.. ni loca voy a pagar 200 rupias por entrar a ver el mentado palacio, y menos después de que se ponen tan mamones", así que decidí no entrar y quedarme a esperarlas afuera. Pero el señor que originalmente nos dijo que podríamos conseguir tarifa preferencial, nos dijo ahí mismo, cuando nos rechazaron, que yo podía entrar como india. Que solo necesitaba decir que era de Delhi, y que nadie me haría preguntas. Así que me compró un boleto de 20 rupias, y así me pude meter a ver el palacio por dentro. La verdad fue un poco incómodo porque me tuve que quitar los zapatos, y los tuve que dejar afuera en la paquetería, igual que las cámaras, que también están prohibidas adentro. Así que casi corrí y me aventé el recorrido en un poco más de 10 minutos. No me arrepiento. Digo, estaba muy bonito y todo, pero nada que no hubiera visto antes. Supongo que después de ver palacios de Rajasthan y sobre todo, el Taj Mahal, ya el resto de las cosas como que ya no son la gran cosa.
Ya de ahí, el regreso a Bangalore transcurrió sin paradas y sin grandes complicaciones. Llegamos alrededor de las 9pm, y Annika y yo nos fuimos a cenar con nuestros respectivos -que habían venido a recogernos- al Empire, un restaurante de comida india y árabe que está abierto hasta altas horas de la noche y que tiene varias sucursales en todo Bangalore. Nosotros fuimos a la de Koramangala, que era la que quedaba más cerca del hotel de las estonias. De ahí, cada quien a su casa.